martes, 17 de enero de 2017

Mindángalo

¡Mindángalo!

Era la palabra que se pronunciaba en San Antón, en mi pueblo de Nerja, hace mucho tiempo, cuando se celebraba el día del santo con una hoguera que se hacía en la plazoleta, en la esquina del barrio, al pintar la espalda del amigo incauto. ¡Mindángalo! Y hacíamos una cruz de tizne.
Todos los chiquillos íbamos con el jersey al revés, para que no nos regañaran demasiado en casa, al llegar sucios.
Nunca supe qué significaba esa palabra que nos incitaba a tiznar a los desprevenidos, sonaba como un grito de guerra al lanzarte contra el enemigo, alegre, a risas infantiles y a calor de hoguera en la fría noche del 17 de enero.
Palabra olvidada, como tantas otras, locales, temporales.
Ahora, alguien la saca de no sé qué baúl anclado en otra orilla y me transporta como un agujero de gusano a mi más tierna infancia.
No sé de donde proviene, ni quién la trajo. Tampoco sé porqué permaneció oculta en mi memoria tanto tiempo. Pero ahora revivida, rememorada, prometo lanzarla al viento en cada hoguera que tropiece en mi camino. Y cuídese aquel que la escuche, más vale que se vuelva el sueter del revés, porque va a llegar con una cruz tiznada en su espalda.
Mª Teresa Cobos Urbano.
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